Es ser Autista, sentir el autismo, vivir el autismo, padecer el autismo, sofocar el autismo...y sofocar a la persona que lo padece o sofocarse. Es soportar el autismo. No es una novela romántica clasisista de Jean Austen, es una realidad que se vive, un hecho ineludible, personal, intransferible, agotador, desgarrador...flaco! No me vengas a decir quien soy y que tengo, de que padezco...además, con respeto, me importa un bledo tu opinión. Soy un neurodivergente de la línea dura, que da pelea, embate, que no le importa nada...pero nada. Lo que uno es, es y punto. Lamentablemente no soy sutil, aunque puedo serlo de vez en cuando, porque tengo las herramientas y si quisiera las utilizaría. Me considero un ser culto, formado en Letras y Literatura, entre hojas y cuadernos, soy de la generación que alcanzó a finalizar su carrera. ¿Eso importa? Si...poco, pero sirve para caretear en esta sociedad de máscaras blandas, donde casi todos se tragan los mosquitos y siguen avanzando, sin cuestionarse nada. Así anda la mayoría por la vida, como meros zombies, arrastrándose por dinero. "No salen del laberinto de la rata" dice el maestro Kiyosaky. Es una gran rueda de dinero, dinero...y más dinero. ¿Querés solo dinero? Bueno, ahogate en Dinero! Nada en él, si podes y te sabes las leyes de la abundancia, sino fuiste. Y ni hablar del azar, del amor y de la fatalidad
Esta última puede sorprender en cualquier momento y lugar. Era como lo pensaban los sabios griegos, que ante tanta tranquilidad algo se estaba gestando en el trasfondo de las cosas: una ingrata sorpresa, una fractura en el correr de la existencia, un delirio propio, un sinsabor, una gallarda tortura, una imposición del destino.
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