Claudio vivía con su familia en una casa en las afueras de la ciudad, donde el ruido de los autos y el ajetreo de los transeúntes no le causaba ninguna molestia. Podía pasar las horas de la tarde sin problemas, trabajando en lo que más le gustaba, la escritura creativa. Su libro estaba próximo a salir, ya casi listo, con la cabeza saliendo del horno. Por suerte o destino, su familia lo apoyaba en todo lo que emprendía, y tenían razón en hacerlo, la escritura de Claudio era maravillosa, llena de recursos creativos, únicos y sorprendentes.
Al caer la tarde, se sentaba en su escritorio color caoba a delinear los párrafos siguientes y avanzar en su proyecto. La focalización era total, cuando esto ocurría, sus dedos se deslizaban sobre el teclado con una velocidad extrema. Se lo podía ver ensimismado en su tarea, sin pausa, sin importar las horas transcurría la faena. Cada tanto se levantaba para ir al baño o tomarse un café. Hacía un pequeño break para respirar y agitar las letras restantes en sus bolsillos.
Cada día su escritura mejoraba, se hacía incluso más compleja para el lector común. Leerlo era descifrar sus misterios y deseos, sus pensamientos más profundos, sus anhelos. La escritura era su vida, el hobbie más amado, aquello sin lo que no podría subsistir.
En su personalidad era bastante terco, cuando algo se le metía en la cabeza no había forma de hacerlo cambiar. Si quería buscar un camino seguro para él en su paseo por la ciudad no había forma de llevarlo por otro lado, era ese y solo ese el mejor y más acertado para transitar.
La novia lo seguía por todos lados cual perro asistente, no había otra manera de ir a su lado. Detenerse a observar alguna vidriera era como perderse en el limbo, se iba de sí en cavilaciones literarias. Creaba personajes, posibles enredos y situaciones alocadas para volcar en el texto. Podía pasar horas sumido en sus entreveros mentales.
Por fin llegó el día. Lo llamó Marcelo, su editor, para comunicarle que su libro ya estaba para ser presentado. Armaron una reunión en el looby de un prestigioso hotel de la ciudad y se dispusieron a la promoción y venta del ejemplar. Mucha gente acudió esa tarde, un montón de seguidores visitaban con asiduidad las redes en las que Claudio hablaba sobre temas personales, sabían de su existencia como propagador y defensor de las causas neurodivergentes.
Claudio pertenecía al espectro autista y sus redes estallaban cuando él le hablaba a sus seguidores o contaba alguna anécdota, casi siempre en tono de comicidad, sobre alguna extraña anécdota sucedida.
Si se trataba de anécdotas graciosas Claudio era un experto....to be continued
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