Ahí va la bala, atajala⚽️
Había una vez un pequeño pueblo donde los niños y niñas jugaban felices en la plaza todos los atardeceres. Entre ellos estaba Luisito, el más rápido y ágil de todos. Siempre que jugaban al fútbol o a las escondidas, él ganaba sin problema.
Un día, llegó al pueblo un niño nuevo llamado Sebastián. Era tranquilo y observador, pero tenía un talento secreto: ¡era el mejor atajando pelotas!
—¿Quieren jugar "Ahí va la bala, atajala"? —preguntó Sebastián con una sonrisa.
Los otros niños se rieron.
—¡Ese juego es muy fácil! —dijo Luisito—. Nadie puede lanzar una bala que yo no pueda atrapar.
—¿Apostamos? —retó Sebastián.
Los niños aceptaron el desafío. Se pararon en fila, y uno por uno, lanzaron la pelota lo más fuerte que pudieron, gritando a viva voz:
—¡Ahí va la bala, atajala!-
Pero Sebastián, con sus reflejos increíbles, siempre la atrapaba. Hasta que llegó el turno de Luisito, quien lanzó la pelota con toda su fuerza, tan alto que casi desapareció en el cielo.
—¡Nadie podrá atrapar eso!—gritó.
Pero Sebastián no se movió. Esperó, esperó… y justo cuando la pelota iba a caer, ¡ZAS! La atrapó con una mano.
—¡Imposible!—gritaron todos.
Sebastián solo sonrió y dijo:
—No se trata solo de ser rápido, sino de saber esperar.
Desde ese día, todos en el pueblo querían aprender de Sebastián, y el juego favorito de los niños fue "Ahí va la bala, atájala".
Y colorín colorado, ¡este cuento se ha terminado! 📚FIN
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