La fabulosa historia de Martín.
Esta es la historia de Martín, un niño tan flaco pero tan flaco que cuando el sol estaba en su punto más alto parecía transparentarse.
Martín era un típico niño de barrio, le gustaba jugar con sus amigos a la pelota hasta altas horas de la noche. Cuando digo "altas" me refiero hasta las 21hs, momento en que Clara, su madre, lo llamaba para ir a cenar. El niño saludaba a sus compañeros de rrioba y se metía en la casa para pasar la noche junto a su padre, madre y hermano.
Martín tenía 8 pirulos y su hermano Agustín 12 piruletes. Omar, el padre, 56 pirulones y la madre otros 55 pirulonetes. Por supuesto, el padre trabajaba vendiendo pirulines en la costa. Un gran negocio familiar que se venía expandiendo de generación en generación.
Durante los días de verano Martín ayudaba a su padre con la venta y les iba bastante bien. Hasta que un día de Enero, en plenas vacaciones de verano, comenzó a oscurecerse el cielo y una tormenta se desató sobre la playa. El viento arreciaba de manera furiosa toda la planicie de arena cuando una fuerte ráfaga levantó a Martín por los aires y lo depositó en una nube grisácea, a varios metros del nivel del suelo. El niño, sentado en la nube, contemplaba hacia abajo el inmenso panorama como Julieta esperando a Romeo. A pesar de todo, no sentía miedo, era una sensación extraña y cálida estar suspendido en el aire.
- ¡Papá, papá!- comenzó a gritar. !Estoy aqui arriba!.
El padre, muy asustado, corrió en su ayuda pero ¿cómo iba a bajarlo de allí?
¡Volvé querido, volve! Decia Omar desesperadamente.
- ¿A donde voy a ir papá? Repetía Martín.
-Estoy atorado en esta nube y no me puedo soltar.-
Martín era tan liviano que se habia enganchado a la nubecilla como si fuese un globo.
-¡Quedate tranquilo, yo te voy a bajar!- Decia el padre mientras buscaba una soga, palitos y alguna cartulina.
Su propósito era armar un barrilete para bajar de allí a su hijo lo más urgente posible. Toda la gente comenzó a juntarse para observar lo sucedido. Entre ellos, había varios guardavidas mirando la situación, ya preparados para actuar por si el niño necesitaba primeros auxilios.
También aparecieron la madre y el hermano que recién habían sido informados sobre los hechos. Todos esperaban expectantes la resolución de semejante problema.
Una ramita por acá, una soga por allá, una cartulina por aquí y todo listo para ensamblar el majestuoso barrilete. Solo habia que calcular bien la presión del aire y para donde corría el viento. Pero tenía que ser con una exactitud de relojero para no errar el punto de encuentro con la mano de Martín.
La empresa inició su cometido mientras el niño esperaba impaciente su rescate. El barrilete zigzageaba de un lado para el otro sin parar y Martín no podía agarrar el artefacto por ningún parte. El padre y la madre se preocupaban cada vez más por la situación, pero su hermano lo alentaba a seguir adelante. De repente, un fogonazo de electricidad dió de lleno en el corazón del barrilete partiéndolo en mil pedazos.
Todos estaban cabizbajos y con miedo a lo peor, era el momento de pensar en otra opción.
Cuando se estaban juntando para idear otro rescate ocurrió algo inesperado. Una gaviota pasó en vuelo rasante y volvió a elevarse a los cielos como un avión de combate. Subió bien alto entre las oscuras nubes tormentosas y cayó en picada, enganchando a Martín en su pasada.
Aferrado a una de sus patitas traseras bajaba Martín. Con el semblante alegre e iluminado descendía lentamente sobre la arena y directo a los brazos de su padre.
-¡Gracias gaviotita!- repetía Martín
-¡Me salvaste la vida!-
La valiente ave trepó nuevamente a los cielos y desapareció entre las nubes.
-¡Esto fue increíble!- dijo Omar, sin salir del asombro.
La madre y el hermano corrieron a abrazarlo y a felicitarlo por su valentía. A pesar de la dramática situación él nunca había perdido el coraje o entrado en pánico por verse alejado de su familia.
Así es, querido lector, la familia es lo más importante para Martín, un niño tan flaco pero tan flaco que casi se vuelve a volar. FIN.
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